
Ayer, miércoles 15 de enero, hizo un día frío, húmedo y gris en Madrid. Amo los días grises, los días de invierno, mi estación preferida del año. Me quedé en casa contemplando a lo lejos desde mi ventana el edificio de Telefónica en Gran Vía, y me dediqué a peinar la red y las redes sociales en busca de un blog parecido a éste.
En inglés, francés, italiano, alemán y holandés hay miles de magníficos blogs de decoración romántica, shabby chic y realeza, pero en el mundo hispano no parecen abundar y, si los hay, yo no los encontré. Pensar que España nos dio a un Sorolla y a tantos otros, decoradores de interiores como Gil Parrondo, galardonado con un Oscar, que ha dado grandes voces para la ópera.... Sin embargo parace que la modernidad nos ha dejado el gusto chato.
Tan fácil y gratificante que resultar decorar con pequeños objetos bonitos, que hablen de nuestros universos propios, sin tener que gastarse un pastón en estirados muebles de diseño, tan grandes y apoltronados ellos. La maravilla de ir al Rastro, en las mañanas de semana, sobre todo en
estos meses es una pasada. Ir a buscar y rebuscar, trabajar mucho, pensar y abstraerse para luego en una noche cualquiera cuando lo más importante está terminado, sentarte a disfrutar de lo que has hecho y dar los toques que faltan.
Así que hoy dejaré algunas fotitos de cafeteras esmaltadas, esas viejas cafeteras que me pirran, provenzales, campestres, que hablan de hogar, de abuelas y de todo lo íntimo y acogedor, tomaremos café con algún que otro panecillo, buns, bollos y pastas para ir abriendo el apetito y merendar alejados del mundanal ruido, rodeado de flores y olor a naturaleza mientras pensamos qué nos ha pasado para que despreciemos todo lo que tenga un toque bello, antiguo y voluptuoso, porque no hay nada más frío, sesudo y adusto que las líneas rectas en un mueble. Algunas de estas fotos son del Facebook de Lily Francoise que tiene maravillas en su página.











¡¡¡¡Tienes una gracia increíble para relatar!!!! Adoro las cafeteras esmaltadas. En casa tenemos una tetera de esas, esmaltada en rojo. A mí me traen muchos recuerdos, en especial las tazas, cuando veraneaba con mis abuelos, siempre quería beber por una de esas tazas esmaltadas, recuerdo que era blanca con el borden en azul marino...Nunca quería vaso de cristal porque el agua de la fuente estaba mucho más fresquita en la taza esmaltada y sabía mucho más rica. En fin, este artículo y la mención de esas cafeteras me ha transportado directamente a mi infancia y a mis queridos abuelitos. Ah...gracias por compartir mi blog.
ResponderEliminarEl esmalte es muy térmico y conserva muy bien la temperatura fría o caliente. Creo que a muchos nos retrotrae a la infancia por eso ahora se han convertido en objetos entrañables. Tú blog es ágil y muy chic!!!
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